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Los suspirantes presidenciales y sus imaginarios con respecto a las juventudes

Miércoles, 11 de Julio de 2018 17:25 administrador
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Nateras, Domínguez. “Los “suspirantes” presidenciales y sus imaginarios con respecto a las juventudes”. La crónica  21 de junio. 2018.

 

Los “suspirantes” presidenciales y sus imaginarios con respecto a las juventudes.


Cuando uno escucha a un candidato presidencial en alguna entrevista de televisión o de radio e incluso al leer una declaración hecha a la prensa acerca de lo que harían en relación a las juventudes, da la impresión que recurren a lugares comunes, a retóricas “populistas” —plagadas de otorgamiento de becas— e imaginan a este sector de la población como si fuese un conglomerado homogéneo en su configuración social, cultural, de género, de etnia o de hábitat. Veamos rápidamente de una manera esquemática lo que refieren los tres candidatos principales a la presidencia de la República.

Andrés Manuel López Obrador —puntero en las encuestas— básicamente ha declarado que implementaría un programa denominado: “Jóvenes construyendo el futuro”, el cual integraría a 2 millones 300 mil chicos que no tengan empleo. A su vez, ofrecería 300 mil becas para que los estudiantes rechazados de las escuelas y de las universidades públicas, si así lo desean, puedan seguir con su formación educativa. Su eslogan más conocido es “becarios sí, sicarios no”.

Ricardo Anaya —que al parecer está metido en serios problemas de corrupción— desde una mirada tecnócrata/empresarial, impulsaría el “emprendimiento de los jóvenes”, dando financiamiento a proyectos nuevos y crearía una figura tipo ombudsman, para defender a los nuevos jóvenes empresarios. También refiere que incluirá —si es que gana— a “muchos jóvenes” en su gobierno lanzando una estrategia a fin de prevenir el embarazo adolescente —nada nuevo— e implementaría programas de orientación vocacional, entre otros.

José Antonio Meade —en un tercer lugar— centra su propuesta en la educación y en la creación de empleos para los jóvenes, incluyendo apoyos para impulsar sus propios negocios. En relación a la educación superior ofrece calidad, “becas de transporte y movilidad” —¿populismo priista?— además, incrementar las escuelas de tiempo completo donde haya comedor, aprendan inglés, arte, cultura, hagan deporte y apoyar una educación dual, es decir, estudiar y trabajar al mismo tiempo.

Si hacemos una lectura transversal de las propuestas de los “suspirantes” presidenciales, quizá nos llame la atención que son muy similares, no se diferencian entre sí, tanto en las problemáticas a las que más apuntan —trabajo/empleo, educación— como a los programas, o mecanismos para afrontarlos —principalmente becas— desde un espíritu francamente asistencialista/paternalista, en otras palabras, no dejan de ser postulados muy limitados, sin negar que el asunto del trabajo y la educación son importantes para las juventudes, tanto en hombres como en mujeres.

La mayoría de las encuestas apuntan —recordar que tienen bases metodológicas científicas— junto con el estado de ánimo social de gran malestar y, de las afectividades colectivas de hartazgo, a que el próximo presidente de la República será Andrés Manuel López Obrador, por lo que en ese escenario —espero no equivocarme— se tendría que repensar en diseñar una política de Estado —y, no sólo de gobierno, a capricho de los funcionarios en turno— dirigida a las juventudes. Tal política contará con capacidad financiera, voluntad de decisión, imaginación, creatividad y la inclusión de distintas  maneras de ser juventudes, y de vivir lo juvenil en el aquí y en el ahora de la vida cotidiana. Por lo que se propone convertir al Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ) en una Secretaría de las Juventudes.

Por otra parte, es imprescindible situar a las juventudes —tanto hombres como mujeres— a partir de los contextos —sociales/políticos/económicos/culturales— más apremiantes del país, en el que están construyendo sus vidas y además son producidos como sujetos y actores sociales, en el entendido de que hay que imaginar qué tipo de país queremos ser, a fin de también idear qué tipo de ciudadanos jóvenes deseamos formar/educar en función a ese país o nación que soñamos tener.

En este sentido, una de las situaciones más apremiantes que el nuevo gobierno tendría que atender sería el asunto de las violencias —de muerte— que están sufriendo las y los jóvenes —¿juvenicidio?— tanto en el espacio público —por parte del crimen organizado— como en el espacio privado —la familia—. Aunado a lo anterior, está el asunto de los desaparecidos/desapariciones forzadas; recuérdese que de 2014 a la fecha se calcula que van 37 mil 435 y el sector de las juventudes —de 15 a 39 años— es el más afectado ya que se reporta que seis de cada 10 denuncias, son por jóvenes. De igual manera, dados los climas de zozobra e incertidumbre, se estima que al año más de 250 mil jóvenes, se integran a los flujos/procesos migratorios, en particular, hacia los EU. ¿Qué haría la nueva administración ante esto? Y, si las políticas neofascistas y discriminatorias de Donald Trump se recrudecen contra los migrantes mexicanos, con la posible repatriación de los famosos “Dreamers”/”Jóvenes Soñadores” —que llegaron de niños sin documentos con sus padres o parientes, para alcanzar el “sueño americano”, siendo más de 850 mil—. ¿Ya existe un plan de contingencia social, laboral, educativo, cultural y económico, para recibir a tales chicos y chicas?

Si las juventudes son heterogéneas, ya sea por la clase social, la etnia, el género, la adscripción identitaria a la que se pertenezca —estudiante, reguetonero, o grafitero—, o la zona donde se vive, entonces se requerirán estrategias inclusivas y democráticas, por ejemplo, ¿qué pasaría con las juventudes indígenas o de la ruralidad?, ya que prácticamente no se les nombra/se les invisibiliza; o ¿qué hay con las juventudes cuya orientación sexual no es heterosexual?; o ¿qué sucedería con las y los que están trabajando para el crimen organizado? —se estiman entre 60 a 70 mil—; o aquellos que le apuestan a las artes y a la cultura como una forma de ser y de estar en el mundo; o las/los jóvenes entre 20/29 años que no tienen un trabajo estable —los millennials—.

Deseamos que la nueva administración sea sensible ante la situación delicada/compleja en la que se están creando hoy en día una gran parte de sus juventudes, por el bien de todos y de la nación.

* Profesor-Investigador del Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana

 

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