Del 68’ al 18’

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Del 68’ al 18’, narrativas sociales y tristezas colectivas: ¿juvenicidio?

 
 
Del 68’ al 18’, narrativas sociales y tristezas colectivas: ¿juvenicidio?

Del 68’ al 18’, narrativas sociales y tristezas colectivas: ¿juvenicidio?

 La Crónica de Hoy / La Crónica de Hoy

Alfredo Nateras Domínguez*

El Estado mexicano y sus instituciones han ejercido la represión e incluso han aniquilado a líderes sociales, activistas políticos y jóvenes estudiantes, entre otros actores ¿será acaso que estamos frente a un Estado terrorista? ¿Un Estado que decide quiénes viven e incluso quiénes mueren socialmente? Situación delicada si ligamos la violencia de muerte que ha llevado a cabo este Estado particularmente contra sus juventudes y, con la que está realizando el crimen organizado en su versión de narcotráfico, e incluso sabemos que hay un contubernio entre el Estado y los narcos, por lo que podemos hablar también de un ¿narcoestado? o más aún, de una situación de ¿”juvenicidio”? no sólo definido como “muerte artera” (Ver, Valenzuela, 2015) sino principalmente por las condiciones de precariedad económica, educativa, laboral, de vivienda, de salud y de recreación en la que se encuentra una gran parte de las juventudes en nuestro país.

El asesinato de jóvenes estudiantes —hombres/mujeres— en la tarde del 2 de octubre de 1968, lo podemos considerar como ¿un genocidio? cuyos autores intelectuales fueron el expresidente Gustavo Díaz Ordaz y el entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez; quienes utilizaron a comandos militares del Estado Mayor Presidencial como francotiradores y al “Batallón Olimpia” (Ver, Montemayor, 2010) a fin de llevar a cabo la infamia, que ha marcado la historia afectiva y los estados de ánimo colectivos de varias generaciones. No se sabe a ciencia cierta el número de jóvenes caídos, ya que las cifras oficiales son irrisorias —hablan de entre 30 a 78— las cuales son falsas y las que tienen más credibilidad son de las instancias extranjeras que estiman en más de 300 los jóvenes asesinados.

En la década de los 70 del siglo pasado, la de la guerra sucia y de la emergencia tanto de la guerrilla rural —Lucio Cabañas, brutalmente asesinado junto con su familia—como de la guerrilla urbana— Liga Comunista 23 de septiembre, plagada de jóvenes y exterminadade manera fulminante—. A su vez, se comete otra masacre de estudiantes a manos del grupo de choque paramilitar conocido como los Halcones,el 10 de junio de 1971, en la Ciudad de México —con asesoría del gobierno de Estados Unidos/la CIA—. Se asesinó a 120 jóvenes estudiantes (Ver la película del cineasta, Gabriel Retes, El bulto, México. 1992). Los Halcones tipo comando fue integrado en su mayoría por otros jóvenes provenientes de las porras/los porros; pandilleros cooptados; expresos y; veteranos que estuvieron en la matanza de Tlatelolco.

En los 1980 y 1990 —décadas perdidas—; el país se encuentra en una crisis de proporciones inimaginables. Hace 30 años, acontece el fin del Estado benefactor y la llegada de los tecnócratas al poder en la figura del expresidente Miguel de la Madrid Hurtado y la puesta en práctica del proyecto económico neoliberal. Se visibilizaron las contradicciones urbanas de las periferias de las grandes ciudades, a través de la configuración de escenas juveniles marginales y de fuerte exclusión social como la de los cholillos, los chavos banda, los rockeros, o los punks; quienes a través de sus estéticas oscuras —entre otros emblemas— daban cuentaque para ellos y ellas no hay futuro. En los 90 del siglo XX, se recrudece la situación de las juventudes en las condiciones materiales/simbólicas de sus vidas cotidianas, de tal suerte que agrupamientos identitarios juveniles como los darketos, los góticos, los vampiros y los estudiantes, declaraban: “no es que no hay futuro, sino que no habrá”, es decir, los podríamos catalogar como los muertos sociales en vida —¿”juvenicidio”?—.

En los 2000, las precariedades de las juventudes en general se desbordan, aunado a las violencias de muerte: se calcula que 1 de cada 3 jóvenes son pobres en un país de pobres; se estima que del 2006 al 2018, se han asesinado cerca de 250 mil personas y aproximadamente más de la mitad, 140 mil, son jóvenes y, de esos, 60/70 mil, están matándose entre sí; siguiendo el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas/Desaparecidas, no se conoce la suerte o paradero de 34,656 —25,682 hombres y 8,974 mujeres— y, del total: hay 16,594 menores de 29 años, en otras palabras, 1 de cada 2 desaparecidos,son jóvenes; en cuanto a las fosas clandestinas localizadas del 1 de enero de 2007 al 30 de septiembre de 2016 —registros de las instancias de procuración de justicia— estiman en 855, de las que se exhumaron 1,548 cadáveres y 35,958 restos óseos y/o humanos.Y, en lo que atañe a acontecimientos que han cimbrado los estados de ánimo de las colectividades, tenemos: Bar New’s Divine, Ciudad de México, en un operativo fallido mueren 12 personas, 9 eran jóvenes (2008); Villas de Salvárcar, Ciudad Juárez, 16 estudiantes asesinados (2010); Bar Heaven, Ciudad de México, 13 jóvenes levantados y eliminados (2013); Tlatlaya, Estado de México, 22 jóvenes ejecutados extrajudicialmente por miembros del Ejército Mexicano (2014) y Ayotzinapa, Iguala, Guerrero: asesinaron a 3 estudiantes y a 3 civiles, hirieron a 25 y desaparecieron a 43 (2014).

Se ha dicho hasta el cansancio que el 2 de octubre del 68 ¡No se Olvida!, a fin de no repetir; sin embargo, las juventudes siguen siendo reprimidas y asesinadas, más que en el 68, incluso se decía que las del siglo pasado, eran el futuro del país, pero dadas las condiciones materiales/simbólicas de las vidas cotidianas de las juventudes contemporáneas —en el aquí y en el ahora social— el futuro para una gran parte de ellos y de ellas no existe, ya que el presente incluso se los han expropiado. ¡Claro¡ hay que conmemorar los 50 años de la masacre en Tlatelolco aunque lo que sí se está olvidando es que no ha habido cambios sustanciales. El panorama es el de un desastre social/ético cuyo rostro se llama“juvenicidio”. Necesitamos el replanteamiento de las resistencias sociales, culturales y afectivas, por parte de nosotros como sociedad, sólo así, honraremos a todas nuestras juventudes reprimidas y asesinadas.

* Profesor-Investigador del Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana.This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.alfredonateras.com
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